martes, 26 de septiembre de 2023

Prácticas del Lenguaje y Literatura I

 

Hola a todos!, en esta oportunidad vengo a hablarles sobre algunos conceptos fundamentales que estructuran la materia.
Entender las prácticas del lenguaje en su dimensión social es otorgarle al acto de leer y escribir un sentido mucho más amplio, el de descubrirnos, inventarnos y habitar el mundo. En este sentido, las prácticas orales configuran esa primera red de palabras que traman lo que nos rodea, que sirven para nombrar el mundo, conocerlo.
Narrar constituye uno de los modos privilegiados de apropiación de la palabra.
Ahora bien, pasar de la palabra oída a la palabra leída supone tener acceso al universo de lo escrito. La posibilidad de tener a mano textos completos, variados y significativos que convoquen a la reflexión sobre el lenguaje escrito que incluye las características generales de los diferentes géneros discursivos (cuentos, noticias, notas de enciclopedia, recetas de cocina, etcétera) y provoquen un acercamiento real al sistema de escritura.

Si bien la alfabetización constituye un proceso que atraviesa toda la vida, es en esta primera etapa en la que los docentes deberán promover distintas situaciones didácticas de lectura y escritura orientadas a la construcción de sentidos para otorgarles finalmente la significatividad más profunda a la práctica de leer y escribir. Sólo la apropiación efectiva de estas prácticas impactará de manera positiva en las futuras trayectorias escolares de los alumnos.
La lectura no es solo una habilidad, es una herramienta para comprender nuestra propia vida, empatizar con otros, entender nuestro entorno y proyectar nuestro futuro. La literatura en la infancia nos permite construir múltiples significados y nos transporta a un mundo de imaginación y posibilidades.
La lectura en la infancia supone voces mediadoras que se multiplican y transfiguran no para “enseñar” a leer sino para transmitir a los pequeños lectores el camino de la búsqueda de sentidos que ofrece la literatura.
Tradicionalmente, lo que se concibe como objeto de enseñanza es la Lengua y en particular sus aspectos descriptivos y normativos . Durante mucho tiempo, las prácticas de lectura y escritura como tales han ocupado un lugar secundario en la escena escolar y esta falta de protagonismo puede contribuir a la reproducción de las desigualdades sociales relacionadas con el dominio de la lectura y la escritura. Es fundamental que la institución escolar genere en su seno las condiciones propicias para que todos los alumnos se apropien de esas prácticas, para que éstas no sigan siendo patrimonio exclusivo de aquellos que nacen y crecen en medios letrados.

Si el gran propósito educativo de la enseñanza de la lectura y la escritura es incorporar a los chicos a las comunidades de lectores y escritores, está claro que el objeto de enseñanza debe definirse tomando como referencia fundamental las prácticas sociales de lectura y escritura.
la lectura y la escritura aparecen siempre insertas en las relaciones con las otras personas, suponen interacciones entre lectores acerca de los textos: comentar con otros lo que se está leyendo, recomendar lo que se considera valioso, discutir diversas interpretaciones de una misma obra, intercambiar ideas sobre las relaciones entre diferentes obras y autores.
Cuando enseñamos a leer y escribir, estamos enseñando a los estudiantes a convertirse en intérpretes y productores de textos competentes. Les estamos ayudando a desarrollar las habilidades y estrategias necesarias para construir significado a partir del lenguaje escrito y comunicar eficazmente sus propias ideas a través de la escritura. Esto implica enseñar a los estudiantes cómo interactuar con textos, hacer conexiones, inferir significados y analizar información críticamente. También implica enseñarles las convenciones del lenguaje escrito, como la gramática, la ortografía y la puntuación. En última instancia, el objetivo es capacitar a los estudiantes para que se conviertan en lectores y escritores independientes y críticos que puedan navegar y contribuir a los diversos textos que existen en la sociedad.
Los contenidos esenciales que conforman la unidad pedagógica son: los quehaceres del lector, el lenguaje que se escribe y el sistema de escritura.
Quehaceres del lector: interacciones con otras personas acerca de los textos, comentar o recomendar lo que se ha leído, compartir la lectura, confrontar con otros lectores las interpretaciones generadas por un libro o una noticia, discutir sobre las intenciones implícitas en los titulares de cierto periódico.. entre los más privados, anticipar lo que sigue en el texto, releer un fragmento anterior para verificar lo que se ha comprendido, saltear lo que no se entiende o no interesa, identificarse con el autor o distanciarse de el asumiendo una posición crítica, entre otros.
En cuanto a los quehaceres del escritor, En cuanto a los quehaceres del escritor, la distinción entre lo compartido y lo privado es menos nítida, quizá porque la escritura es más solitaria que la lectura, pero -al mismo tiempo- obliga a quien la ejerce a tener constantemente presente el punto de vista de los otros, de los futuros lectores. Planificar, textualizar, revisar una y otra vez... son los grandes quehaceres del escritor, que no son observables desde el exterior y se llevan a cabo, en general, en privado. Sin embargo, decidir los aspectos del tema que se tratarán en el texto -un
quehacer más específico involucrado en el proceso de planificación- supone determinar cuál es la información que es necesario brindar a los lectores y cuál puede omitirse porque es previsible que éstos ya la manejen o puedan inferirla, es decir, supone considerar los probables conocimientos de los destinatarios.
Ejercer los quehaceres del lector y escritor permitirá acceder al conocimiento del lenguaje que se escribe, es así, como al actuar como lectores y escritores, los alumnos tienen la oportunidad de apropiarse de contenidos lingüísticos que adquieren sentido en el marco de las practicas, es así como las practicas de lectura y escritura se constituyen progresivamente en fuente de reflexión metalingüística.
También, el conocimiento del sistema de escritura ocupa un lugar central. Es concebido como un sistema de representación y no como un código de transcripción de sonidos. Los niños lo reconstruyen de manera activa, formulando hipótesis, poniéndolas a prueba y rechazándolas o reelaborándolas en función de los conflictos cognitivos que enfrentan a lo largo de un prolongado proceso que ha sido minuciosamente estudiado por Emilia Ferreiro.
Es importante destacar que estos quehaceres se desarrollan a lo largo de las cuatro situaciones didácticas fundamentales que conforman la Unidad Pedagógica: la lectura en voz alta, la escritura de textos, la lectura compartida y la escritura compartida.
Leer a través del maestro: En esta situación, el maestro lee en voz alta a los niños, permitiéndoles acceder a textos que están más allá de su nivel de lectura actual. El maestro selecciona textos variados y de calidad, y utiliza estrategias de lectura en voz alta para captar la atención de los niños y promover la comprensión. A través de esta experiencia, los niños desarrollan habilidades de escucha, amplían su vocabulario y adquieren conocimientos sobre la estructura y características de los textos escritos.
Leer por sí mismos: En esta situación, los niños leen de forma independiente, aplicando las estrategias de lectura que han aprendido. Se les proporciona una variedad de textos adecuados a su nivel de lectura, y se les anima a seleccionar y explorar diferentes géneros y temas. El maestro brinda apoyo y orientación individualizada, fomentando la autonomía y la confianza de los niños como lectores.
Escribir a través del maestro: En esta situación, el maestro guía a los niños en la producción de textos escritos. Se les proporciona modelos y se les enseña estrategias de planificación, organización y revisión. El maestro también les brinda retroalimentación y ayuda a desarrollar habilidades de escritura, como la coherencia, la cohesión y el uso adecuado de la gramática y la ortografía. A través de esta experiencia, los niños aprenden a expresar sus ideas por escrito ya comunicarse de manera efectiva.
Escribir por sí mismo: En esta situación, los niños escriben de forma independiente, aplicando las estrategias y conocimientos adquiridos. Se les proporciona una variedad de oportunidades para escribir en diferentes contextos y géneros, y se les anima a expresar sus propias ideas y experiencias. El maestro brinda apoyo y retroalimentación individualizada, fomentando la creatividad y la autonomía de los niños como escritores.

La lectura y la escritura son habilidades fundamentales en la vida de todas las personas. Por ello, es importante que desde la infancia se fomente su práctica, pues esto no solo contribuye al desarrollo cognitivo y lingüístico de los niños, sino también a su capacidad de comunicarse y comprender el mundo que les rodea.

En este sentido, es fundamental que los docentes promuevan situaciones didácticas que permitan a los niños construir significados a partir de la lectura y la escritura. Además, es necesario que se les brinde acceso a textos variados y significativos que les permitan reflexionar sobre el lenguaje escrito y sus diferentes géneros discursivos.

Asimismo, la enseñanza de la lectura y la escritura debe estar enfocada en las prácticas sociales que les dan sentido, pues esto permitirá que los niños se conviertan en intérpretes y productores de textos competentes capaces de comunicar eficazmente sus propias ideas. En este proceso, es importante que se desarrollen los quehaceres del lector y del escritor, los cuales se construyen a través de la lectura en voz alta, la escritura de textos, la lectura compartida y la escritura compartida.

En conclusión, la enseñanza de la lectura y la escritura debe ser una práctica constante que permita a los niños desarrollar habilidades y estrategias necesarias para construir significado a partir del lenguaje escrito y comunicar eficazmente sus propias ideas a través de la escritura.

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